TU PRIMER BOCADO A LA GRAN MANZANA

Nueva York es "la ciudad" Lo más importante que debemos tener presente en nuestra primera visita a   "La Gran Manzana...

sábado, 24 de agosto de 2013

UZBEKISTAN (1ª Parte): TRAS LAS HUELLAS DE LOS NOMADAS POR LA GRAN RUTA DE LA SEDA


Diario de viaje de "Un viajero impenitente"

"TRAS LAS HUELLAS DE LOS NÓMADAS POR 
LA GRAN RUTA DE LA SEDA"


Como buenos viajeros impenitentes que somos y también por nuestro trabajo como responsables de la empresa “VIAJES AGADIR”, a Aurora (mi mujer) y a mí, nos gusta organizar y acompañar grandes viajes y expediciones en grupo por este maravilloso planeta llamado Tierra.
Después de múltiples viajes realizados por Argentina, Egipto, Escandinavia, Países Bálticos, Alaska, Canadá, EEUU, Rusia, México, Guatemala, Perú, Vietnam, Camboya, Italia, Turquía, Islandia… y un largo etcétera, este año le ha llegado el turno a Uzbekistan y su "Gran ruta de la Seda".


Así que aquí comienza la aventura...

Día 1º - 9 de Agosto.- Madrid…
...de un grupo de 19 viajeros y amigos, ya que llevamos muchos años organizándoles sus viajes y además una vez al año viajamos con casi todos ellos a lo largo de este maravilloso mundo. Hemos salido de Madrid-Barajas las 22.45h con la compañía Uzbekistan Airways (Boeing 767) con destino a Tashkent, la capital de Uzbekistan.
Uzbekistan Airways cuenta con un servicio de checking en la T4 y un servicio a bordo muy pobre. El interior del avión está muy descuidado, la comida es floja… pero tiene a su favor que los precios de los billetes son los más baratos para volar a Uzbekistan.
Día 2º - 10 de Agosto.-  … Tashkent
Después de un vuelo de 6 horas y 45 minutos en el cual no hemos pegado ojo por culpa del llanto insistente de 3 niños pequeñitos uzbecos que teníamos sentados con sus padres a nuestro alrededor, llegamos al aeropuerto internacional de Tashkent. A los pobrecitos niños les dolían los oídos por culpa de la presión de cabina y ese era el motivo por el cual lloraban a todo trapo.
Hemos recogido nuestro equipaje (por suerte no se ha perdido ninguna maleta) y con el autobús que nos estaba esperando, nos ha llevado hasta nuestro alojamiento en el hotel Internacional, al que hemos llegado sobre las 10 de la mañana. Es el mejor hotel de la ciudad de Tashkent.
Desayuno frugal y luego a la habitación a descansar un rato.
Al mediodía hemos comido en el Lunch Teatral City, un restaurante muy normalito y con una comida solo aceptable.
Tashkent en lengua turcomana significa “Ciudad de la piedra”. Es también el centro económico, financiero y cultural del país.  Desde 1924 la ciudad cuenta con el primer manuscrito del Samarcand Kufic Corán, también denominado Samarkand Codex.
Ya por la tarde hemos visitado el Complejo arquitectónico Hasti Iman, pero de camino paramos ante el monumento al gran terremoto que asoló la ciudad.
El conjunto de edificios que forman el Hasti Iman, fue construido en honor del primer Iman de Tashkent, Abubakr Mukhammad Kaffal Shashi, gran Teólogo, Lingüista y experto en el Corán. Estos edificios son el Mausoleo de Kaffal Shashi, la Madrasa de Barak Kan, la Mezquita Namazgoh y la Madrasa Muyi Muborak.

Lo más curioso que nos ha ocurrido durante la visita al complejo ha sido la lluvia (cosa rara en este país y sobre todo en estas fechas) y que la temperatura era de unos 24 grados, cuando en esta época lo normal es estar a unos 36 grados. Hasta Mumin, el guía que llevamos para que nos enseñara este complejo, estaba alucinado con la lluvia, con el cielo que estaba todo encapotado y sobre todo con la temperatura. Ahora, nosotros estábamos encantados al no pasar nada de calor.

Hemos regresado al hotel sobre las 6 de la tarde para descansar y disfrutar de la piscina, la sauna y el jacuzzi del Hotel.
Buen final para retomar fuerzas, pues aún quedan 13 días de este magnífico viaje.
Ya por la noche hemos salido a cenar al Restaurante italiano “Il Perfetto”, situado en una zona del centro de Tashkent en la que hay bastantes restaurantes modernos muy cerca unos de los otros.
La cena ha estado bien y a un buen precio. El menú llevaba; Scachiatela (un tipo de foccacia con aceite, ajo y orégano), Sopa de lentejas (buenísima), ensalada de tomate, pimiento, lechuga, cebolla, setas marinadas y aceite de oliva, espagueti a la Boloñesa y creppe de frambuesa.
Ya de regreso al hotel, nos hemos ido a dormir para combatir el jet lag y también el cansancio acumulado al no haber podido dormir casi nada en el avión, gracias a los lloros insistentes de aquellos pequeños monstruos uzbecos, a los cuales hay que disculpar porque al fin y al cabo son niños y solo niños.


Día 3º - 11 de Agosto.-  Tashkent
Después de descansar plácidamente en una cama gigantesca (2X2 m) e inmensamente cómoda, hemos bajado a desayunar. Todas las instalaciones de este hotel son espectaculares. Tiene un lobby grande, bonito y muy cómodo,  la piscina climatizada es grande, pero no se porque la llaman climatizada ya que el agua esta helada. También una sauna, un baño turco, gimnasio, un bar inglés….

Sobre las 9 ,30h hemos salido con el guía para visitar la Madrasa Kukeldash. Fue construida en 1570 y formaba parte de la plaza principal de la ciudad.  

Fue construida por Hokim Dervish Khan, apodado “Kukeldash”, que se puede traducir como “el hermano de leche”. Hasta 1865  sirvió como lugar de ejecución pública; lapidaciones (lanzar piedras a las esposas infieles juzgadas con el fin de reforzar la moral de las personas).
Caminando por detrás de la madrasa,  hemos entrado a la zona del Bazar o Mercado de Chorsu. Hemos ido sorteando diferentes callejas repletas de gente (es domingo y es día de fiesta en Tashkent). 
Hay una zona donde se comercia con animales vivos; pájaros, palomas,  gallinas, gallos y lo que me ha resultado más curioso es ver gallos de pelea.


Luego hemos ido a la zona donde venden ropas tradicionales, para ver sus coloridos y sus bordados, la zona de venta de material escolar y la zona donde se vende la ropa interior y de cama.



Y por fin nos adentramos en la zona que se denomina “el bazar ruso” donde se venden frutas y verduras a granel con algunas variedades muy curiosas como limones de color naranja, comino en grano para que aguante más su aroma, bolitas de yogur deshidratado (tiene un sabor fuerte pero muy peculiar),  especias de todas las clases y colores y frutos secos en todas sus variedades y tamaños (almendras, pistachos, semillas de hueso de albaricoque…).


Lo más curioso de todo era ver como iban vestidas la mayoría de las vendedoras del mercado, ya que iban ataviadas con trajes típicos, muy coloridos de estas zonas que todavía le daban más alegría si cabe al mercado.
Bajamos al metro para ver 3 de sus estaciones. Son grandes y están decoradas al estilo de las estaciones de los metros de Moscú y San Petersburgo, pero con menos esculturas, capiteles, etc. Fue un paseo muy agradable por 800 sums (moneda local), al cambio unos 25 céntimos de Euro. No pudimos hacer fotos porque está prohibido por seguridad nacional.
Luego fuimos a visitar el museo de artes aplicadas, algo así como un museo etnológico de nuestro país, en el cual te enseñan las costumbres de los pobladores y de todas las épocas de Uzbekistan. 
Lo más interesante que pudimos ver, sobre todo por ser tan distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en nuestra civilización occidental, fueron las vestimentas antiguas que utilizaban los hombres y sobre todo los de las mujeres, trajes oscuros que les tapaban todo el cuerpo, desde la cabeza a los pies (tipo las gurkas actuales que siguen usando las mujeres musulmanas en algunos países de Asia Central). Aquí se utilizaron hasta 1924, fecha en que lo prohibió el gobierno soviético.
De ahí nos fuimos a comer al Restaurante Afsona, un local bien decorado, sencillo, de comida uzbeka contemporánea.
Como siempre empezamos con una selección de verduras en forma de ensalada con sabor a cilantro, muy típico de Uzbekistan, luego Samsa con espinacas y brynza (es una especie empanadilla con verduras, muy buena por cierto),  Dimlyams de verduras y cordero (como si fuera un cocido español, pero sin nada de grasa) y de postre Chack Chack (postre típico de la zona de Tashkent), un dulce con miel y azúcar glaseado por encima.

Por la tarde nos acercamos a ver el Museo de Historia. Un edificio viejo de estilo Soviético y con un contenido bastante pobre en general, siempre desde mi modesto parecer. Además es difícil de  entender para un extranjero la historia  que allí cuentan porque prácticamente todo esta escrito en Uzbeco y en ruso. Alguna cosa hay, pero muy pocas traducidas al inglés.

Al salir del museo, decidimos regresar paseando por sus grandes avenidas, todas con jardines y muy amplias (como todas las que hacían los soviéticos en todas sus grandes ciudades). Fue un paseo de unos 4 kilometros, y tardamos una hora y media aproximadamente en hacerlo. La ciudad está cambiando a gran velocidad; se tiran los edificios soviéticos, todos ellos viejos y feos, y en su lugar se construyen edificios bonitos y de estilos muy modernos. Han abierto ya muchas tiendas de marcas importantes a nivel mundial y como no, nuestro Zara está entre ellas.
Una vez ya en el hotel, nos fuimos de cabeza a disfrutar de la piscina y a tomar un bañito turco de los que quitan el sueño. ¡Vaya quemada de toxinas!.

A cenar fuimos al Restaurante Shedevr Garden en las afueras de la ciudad. Está preparado para BBC (Bodas, Banquetes y Comuniones). Bonito pero impersonal. La calidad de la comida, normalita y la atención de los que nos sirvieron, muy flojita.
Regresamos al hotel a descansar que mañana salimos muy temprano  hacia el Valle de Fergana.

Día 4º - 12 de Agosto.-  Tashkent – Kokand (Valle de Fergana)
Salimos temprano con dirección al Valle de Fergana, situado al este del país, junto a las fronteras de Kyrgyzstan y Kazakhstan, en plenas montañas de Asia Central.
Todo el paisaje recuerda a la antigua Unión Soviética; grandes fabricas destartaladas y abandonadas, edificios grandes, cuadrados y fríos, naves envejecidas por los fríos inviernos y el viento, carreteras desvencijadas, con agujeros en los que cabe un coche entero. Soy muy benévolo al llamarles agujeros.
Nos cruzamos con muchos camiones oxidados y anticuados, salidos de otra época, con coches de herencia soviética como son el Lada, el Sam y el Uz (hoy en día Daewo) y camiones cisterna llenos de gas (Uzbekistán es el 4º país más importantes del mundo en exportación de gas).
En este valle donde el descanso es un arte, ya que el valle ha sido lugar de tránsito y el último respiro donde las caravanas acumulaban fuerzas y se abastecían de víveres antes de adentrarse en las montañas del este o en los desiertos occidentales del país, un verdadero vía crucis en la Gran Ruta de la Seda.
Después de 5 h en coche, que fue lo que tardamos en recorrer estos 300 km, llegamos a la capital del antiguo reino de Kokand.

Directamente nos fuimos a comer al Restaurante casa taller Rustam, Muy sencillo, pero nos sirvieron una comida de muy buena calidad. Aquí ya hemos empezado a probar el auténtico pan uzbeco, un bien sagrado para el pueblo. Está muy bueno y es una perdición.

Kokand es el segundo centro islámico de Asia Central, después de Bukhara. Fuimos al Palacio de Khudayar Khan (su fachada de 70 metros de largo, llena de colores y motivos decorativos, es impresionante) , a la tumba de los Reyes, al mausoleo de Dahma i Shakhon, al mausoleo de Modari Khan, a la madrasa de Narboutabek y a la mezquita Djoumi.

Al salir de la Mezquita nos encontramos con unas mujeres Chamanes (curanderas, brujas, … depende la zona del mundo donde te encuentres), que estaban haciendo una cura del mal de ojo. Vaya “paliza” que le estaba dando para sacarle el mal de ojo  de dentro de su cuerpo y así purificar su alma.

El creérselo o no, se lo dejo a cada cual, porque a parte de impresionarme como le hacía el exorcismo que le pudiera estar haciendo, ella me  impresionó mucho más por como iba vestida; con una túnica roída, con un tipo de babuchas medio rotas y con toda la parte delantera de la dentadura dorada.


Luego nos fuimos a descansar al Hotel. El Khan Hotel es muy sencillo, pequeño,  limpio…  y es que en el valle de Fergana, hay lo que hay para poder dormir.

Después de dejar las maletas en las habitaciones, salimos a dar una pequeña vuelta por la zona donde se encuentra el  hotel, aprovechando que estaba en el centro de la ciudad. Como ciudad no tiene nada significativo que destacar, a excepción de lo que hemos visto antes durante la visita que hemos hecho.

Lo más destacable del paseo, ver los precios de las tiendas en esta zona de Uzbekistán.  Todo es mucho más barato que en Tashkent, la capital.
Hemos tomado dos cafés y un té, en una terracita de un "Kafé" en la calle principal de esta pequeña ciudad y nos ha costado todo 2200 sums, que al cambio vienen a ser unos 0,70 centimos de euro. Ojo, no cada café o cada té, sino el total de las tres bebidas.


Fuimos a cenar al restaurante Kapriz, de cocina uzbeca. Buen sitio, limpio, buen servicio, buena comida y buen vodka.


Como aquí son así empezamos como en todas las comidas con dos pequeñas ensaladas, una sopa de pollo, fideos y verdura (buenísima) y carne de cordero con patatas de Rishtan. 

De postre por fin probamos otra especialidad uzbeca que esperaba desde el principio del viaje, su postre estrella, el Pahlava (dulce basado en una especie de hojaldre enrollado, miel y frutos secos) y lo regamos con un Té verde y un vozka local de 46º.


Bueno y ahora a dormir que mañana hay que madrugar para seguir conociendo este maravilloso valle: Rishtan, Marguilan, Fergana…


Día 5º - 13 de Agosto.- Marguilan – Rishtan – Tashkent
Salimos a primera hora de la mañana hacia la ciudad de Marguilan, a unos 90 km al este de Kokand y más cerca de la frontera con Kyrgyzstan.
Aquí ya los rasgos de la gente se van haciendo cada vez más achinados. Son mezclas de etnias como los Kyrgycos, Trukmenos, Kazakos y  Mongoles. En esta zona del país la religión musulmana está más presente en las calles y en su gente, aunque sigue siendo privada ya que Uzbekistan es aconfesional y laico.



Este valle esta muy controlado por el gobierno, ya que por aquí son partidarios de la autodeterminación de la zona. Dada su confesionalidad musulmana podría ser una puerta de entrada a los talibanes radicados en los países cercanos como Pakistán, Afganistán, Irán, … 


En Marguilan (capital de la seda en Uzbekistan), fuimos a visitar la fábrica de seda más importante de la difunta Unión Soviética, hoy en día es una fábrica con pequeños talleres pero que siguen utilizando los métodos tradicionales para tejer los finos hilos procedentes de los gusanos de seda.

Os voy a contar una curiosidad sobre como surgió el nombre de la ciudad. Marguilan es el nombre de un plato de comida con el que los habitantes agasajaban a Alejandro el Grande cuando pasaba por allí. 

El plato llamado Murginon, es una mezcla de gallina (pollo como lo denominamos en España) y pan uzbeco. 

Después fuimos a ver la Mezquita Chakar y la madrasa Said Ahmad Hadia, son dos edificios pequeños pero muy bonitos.

De ahí partimos hacia Rishtan, que esta a unos 50 km al suroeste de Marguilan. Es el centro del arte de la cerámica antigua en Asia Central. Vimos como trabajany como usan la tinta de una forma única y característica solo de esta zona. Los colores que utlizan son el azul, el turquesa y el blanco y las piezas se pintan todas a mano.



El alfarero y su familia nos agasajaron con una comida en los jardines de su taller que fue una delicia. Como no, nos dieron pepinos y tomates frescos, sopa de verduras con trigo sarraceno y el plato nacional de su país, el Plov (arroz con carne de cordero y verduras). Estaba exquisito y todos repetimos. Acabamos con fruta y té (eso que no falte).


Ahora 5 horas  en coche para volver hasta  Tashkent. El recorrido para salir del valle es una odisea. 

Las carreteras son muy malas y llenas de baches, con multitud de curvas de montaña, los conductores de nuestros vehículos adelantan por la derecha y por la izquierda a la máxima velocidad que pueden, cientos de camiones cisterna de gas escoltados por el ejército entran y salen del valle continuamente y los puentes y los túneles están altamente vigilados por soldados armados y que se tapan las caras con pasamontañas. 
También hay que pasar varios controles de pasaportes como si fueran aduanas, tanto para extranjeros, como para los locales.
De vez en cuando nos adelantaba algún coche con un tío asomado por la ventanilla del asiento del copiloto con una cámara de video grabando a todos los coches que circulaban por el carril de al lado. Eran policías de paisano con coches civiles camuflados. Parece de chiste pero es verdad.

Realmente fue mucho menos peligroso de lo que parece y describo aquí en el diario, pero al no estar acostumbrados en Europa a estas situaciones, me sorprendieron muchísimo. Hay que tener en cuenta como ya he descrito antes, con que países tan conflictivos tiene frontera Uzbekistán.
De este recorrido de hoy, no podré poner muchas fotos porque la policía y el ejército nos prohibía hacerlas en los túneles, puentes, gaseoductos, puestos de control, etc… vamos durante casi todo el trayecto).



Por fín llegamos sin novedad al Hotel Internacional de Tashkent sobre las 8 de la tarde. Descansamos un poco, nos aseamos y salimos a cenar.

Fuimos a cenar al restaurante City Grill, uno de los nuevos restaurantes de esta ciudad en constante expansión. El menú como no llevaba una sopa, esta vez de tomate, pan de ajo (tipo focaccia fina), pescado “perca” frita con patatas y romero (estaba buenísima), de postre pastel de chocolate con helado y como no podía faltar “te verde”.

Y llegó la hora de descansar que mañana salimos a las 5 de la madrugada para coger el avión con destino Urgench y llegar a Khiva, conocida como la Florencia de Oriente.

Día 6º -  14 de Agosto.- Urgench - Khiva
Después del gran madrugón, llegamos al aeropuerto regional Tashkent 3, para coger el avión a las o6,45h- , un Ilushin de hélices de los años 80 y de solo 49 plazas . Como no iba lleno, pude coger asiento de salida de emergencia. Además no vale para nada hablar inglés, pues todos los letreros en la puerta están en Uzbeco y en Ruso, y las azafatas apenas hablan inglés.

Una hora y cuarenta y cinco minutos más tarde aterrizamos en Urgench (eas 08,30h). Allí nos esperaba nuestro chofer para trasladarnos hasta la ciudad de Khiva, la ciudad de las mil y una noches.

Nada más llegar visitamos los edificios y monumentos más importantes de esta bella ciudad amurallada en su totalidad. Está llena de cúpulas, mausoleos, alminares, madrasas, mezquitas y bazares propios de las mil y una noches.


Hemos comenzado por el complejo Ichan – Kala, que está dentro de la ciudad amurallada. Eran las diez de la mañana y ya hacían 36 grados de temperatura con un sol de justicia y el cielo más azul que he visto en mi vida. Eso si humedad 0.
Lo primero que vimos fue el minarete inacabado de Kalta que debía haber sido el más alto del mundo musulmán de oriente, ya que debía haber tenido 70 metros, pero finalmente su construcción fue de tan solo 29 metros. El porque de su construcción era la ignorancia del propio Khan que quería controlar desde lo alto del minarete de su Palacio de Khiva, el harén de su Palacio de Buhjara, situado a más de 500 km.  El chico creía tener un ojo de halcón.


Luego vimos el Castillo Kunya Ark, no es un castillo al estilo medieval europeo, es un palacio hecho de adobe situado dentro de la muralla de la ciudad. A su lado vimos la madrasa (universidad coránica) Mohammed Rahim Khan, construida en el S. XIX y es una de las más grandes de Khiva. Pasamos por el minarete y la madrasa Islom Khodja y el Mausoleo Pahlavan Mahmud, donde se encuentra la única cúpula azul de la ciudad.








Comimos en una chaijana (casa de descanso donde no solo se bebe té, también se conversa, se cierran negocios, se juega al ajedrez y se convive a diario) Tengo que decir que hoy en día se parecen más a nuestros bares que a sus chaijanas tradicionales. Lo más parecido con las tradicionales son las camas para tomar el té recostado.
De primero comimos ravioles con caldo, verdura y crema agria, después tomamos el Shashlik, brochetas de picadillo de cordero con puré de patatas. Todo acompañado de ensaladas, frutos secos y té. 

Entre los frutos secos hubo uno que me sorprendió por su parecido con la almendra y por su sabor; la semilla de hueso del albaricoque.

Después de comer y bajo un sol  abrasador 38ºC, visitamos el complejo arquitectónico Tash Hovli, era el harén de Khan. 
Solo el palacio tiene 150 habitaciones, pero hoy solo se visitan las 4 más importantes, la del Khan, la de su 1ª esposa (con ella se casaba por cuestiones políticas), la de la 2ª esposa (con ella se casaba por amor) y la de la esposa más joven (siempre quería tener una esposa que fuera joven).


Pagamos 3000 sums (1 Euro) para subir los 37 escalones que nos llevaron a la terraza y así poder apreciar la mejor vista que se puede tener de la ciudad. 
Tener Khiva a nuestros pies es una maravilla y además única porque solo se puede tener desde aquí.



De ahí fuimos a ver la Mezquita Djuma (S.X al XIX). Su sala con mas de 200 columnas de madera son de influencia china (la única en el mundo árabe con columnas de madera) y está estructurada igual que las mezquitas árabes. 

Del S. X solo quedan en pie dos columnas que se encuentran en buen estado. El resto de columnas son de principio del S.XIX y del S.XX.



Regresamos al hotel Asia caminando y rodeando la muralla, ya que se encuentra en la puerta norte de la ciudad.
Después de descansar y cenar en el buffet del hotel, volvimos al centro de la ciudad amurallada para ver sus monumentos iluminados. 

El resto de la ciudad no tiene las calles con luz pero aún así nos metimos por sus callejuelas laberínticas y polvorientas. Sus habitantes sacan sus colchones y sus mantas a la calle y duermen allí. 


Íbamos andando y pasando entre la gente que dormía o descansaba en las puertas de sus casas. Gracias a que llevaba una linterna pequeña, podíamos pasar sin tropezarnos con nadie.

La gente de aquí es hospitalaria y tranquila, ya que nadie nos decía nada, ni hacían malas caras y eso que pasábamos hablando y seguro que les molestábamos en su descanso.
Nos sentamos un rato en una chaijana para tomarnos un té de cardamomo y disfrutar de la tranquilidad y la paz de esta ciudad.
Para que os hagáis una ligera idea de cómo es de grande la ciudad, en su interior amurallado viven solo unas 3.000 personas y en todo el núcleo urbano de Khiva, unas 40.000.
Todas sus construcciones siguen siendo de adobe; barro y paja.

Día 7º - 15 de Agosto.- Desierto Kyzyl Kum - Bukhara
Después de desayunar y con las bolsas de pic-nic preparadas, emprendimos nuestra ruta hasta Bukhara, capital del imperio feudal del Oasis de Bukhara.

Salimos de Khiva por una carretera llena de curvas y que no sabría decir si exactamente era una carretera con baches o un bache con trocitos de carretera. Son 400 Km y 9 horas de puro zarandeo. 
El paisaje era monótono, áspero, caluroso y sobre todo aburrido. Hicimos una parada técnica en la ruta, en tierra de nadie y cada uno se iba detrás de una pequeña duna para utilizarla como cuarto de baño. Es lo que tiene el desierto.

Continuamos ruta y a medio día paramos a comer en el único sitio medio decente que hay en esta ruta. 

Una chaijana (casa de té del desierto y de las rutas de las caravanas) con jardín, en mitad de la nada.  

Los pic-nics estaban buenos, pero lo mejor de todo fue una cerveza fresquita que me tomé mientras pedía unas Samsas (como unas empanadillas de carne y patata) y un pincho de carne de cordero a la brasa que sabía a gloria bendita. 

Hacía mucho calor en medio del desierto.


Al final tomamos un té sin azúcar (aquí no usan el azúcar con esta bebida) y un chupito de vodka, para desinfectar nuestro estómago y evitar así las temidas descomposiciones por el agua de aquí.

Nos pusimos de nuevo en marcha y seguimos saltando baches, baches y más baches. 

El autobús parecía un auto de choque de la feria, zarandeándose de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.

Aún hicimos otra parada técnica, unas dos mil dunas más allá y continuamos el paseo unas pocas horas más.


A punto de anochecer, llegamos al hotel Zargaron Plaza de Bukhara, la ciudad Santa de Asia Central.

El hotel es moderno, limpio y cuenta con un spanish bar, un summer bar en la terraza, sauna y jacuzzi. Un oasis de paz y lujo en medio del gran desierto.

Descansamos un rato y salimos a dar una vuelta por la parte vieja de la ciudad. 

Hay más tráfico en esta ciudad de 250.000 habitantes, que en Taskent, las capital del país con tres millones y medio de personas.

Cenamos en el restaurante del hotel y luego subimos a tomarnos nuestra ración de desinfectante diario (vodka), en una terracita con un ambiente y una brisa muy agradable.

Y ahora a dormir, que aquí hay muchas cosas que ver y tenemos que estar muy, muy descansados.


Día 8º - 16 de Agosto.- Bukhara.

Hoy se ha cumplido unos de mis sueños y uno de los grandes objetivos de este viaje, conocer la legendaria ciudad oasis del mundo árabe y perla del pasado que ha pervivido hasta nuestros días: BUKHARA.
 Me vais a permitir que os cuente un poco sobre esta gran ciudad de la antigüedad, antes de recorrer sus calles.

Junto a Khiva y Samarkanda forman el trio de ases de la Ruta de la Seda que por el arbitrario reparto de fronteras que siguió al fin de la Unión Soviética, las dejó en un mismo país; Uzbekistan.
Bukhara es la ciudad sagrada y para sumergirse en la vida e historia de este país hay que conocerla.

En el mundo musulmán es llamada la noble, la ciudad más santa de Asia Central, la perla de Oriente… y muchos más adjetivos que hacen justicia a su gran belleza.

Conserva verdaderos tesoros de la arquitectura del periodo premogol. 

Sus conjuntos arquitectónicos han desempeñado un gran papel el la construcción urbana de la ciudad. Al construir los edificios en grupos formaban plazas y de ahí nacen todas sus calles principales.
Comenzamos visitando el mausoleo Samani del S. IX. Es uno de los más importantes del islam en Asia Central. 
Está situado en un parque muy bonito y está considerado como una de las dignidades de la arquitectura de toda Asia Central. 

Es pequeño en tamaño, pero es verdaderamente grande porque ha llegado hasta nuestra época en su estado original. Cerca del parque vimos el mausoleo Chashmi Ayub de los siglo XIV al XIX.





La ciudadela Ark está considerada como la estructura más antigua de la ciudad. Es una muralla inexpugnable con torres redondas y una gran rampa para acceder a su interior. Entramos tras pagar el canon por hacer fotografías en su interior (en todos los monumentos de Bukhara se pagan entre 1000 y 3000 sums para poder realizar fotografías).




Exteriormente todos los monumentos están más o menos restaurados de una forma muy ortodoxa y  correcta, pero sus interiores están descuidados y muy deteriorados. 
Y eso que se paga en todos ellos y nos comentan que todo lo que recaudan lo utilizan en su restauración, pero yo  creo que no lo hacen.

Las vistas de la ciudad desde sus terrazas y torres es espectacular. Se puede apreciar como todas las casas de la ciudad antigua están construidas de adobe (barro y paja) y así viven en ellas actualmente sus moradores.

Frente al Ark está la mezquita Bolo Hauz. Lo mejor de esta mezquita es la decoración lujosa para la época de su techo.








Mientras íbamos de un monumento a otro, atravesabamos los múltiples bazares de la ciudad. Bazares con unas grandes cúpulas y pasillos en forma de cruz y con tenderetes de artesanía local, sedas, especies y orfebrería. Todos los tenderetes estaban muy bien puestos por cierto, no como en otras ciudades musulmanas como Estambul o El Cairo.

Los bazares y cúpulas que cruzamos eran el Toki Zargaron, Toki Telpak y Toki Sarafón.
De todas formas una de las cosas que más me ha llamado la atención en este país, es que permiten poner tenderetes de todo tipo dentro de los monumentos que se visitan, da igual que sean madrasas, mezquitas, caravan serai o mausoleos. Aquí cualquier sitio es buenos para vender.

Después de regatear unos cuantos Sums (moneda uzbeka) en nuestras posibles compras, continuamos viendo nuevos monumentos que se abrían paso delante de nosotros.

La madrasa Miri Arab (todavía tiene actividad docente y es una de las más prestigiosas en el orgbe islámico). Esta madrasa funcionó durante la época soviética y entonces se estudiaba filosofía, historia y lenguas extranjeras.





Y ahora a reponer fuerzas. 

Nos fuimos a comer a una pizzería que se llamaba La Bella Italia. 

Después de un buen trago de cerveza fría para quitarnos la sed y el calor de la calle (36º C), nos sirvieron unas tostaditas de queso y ajo y otras de tomate con especias (muy buenas), como siempre verduras a la plancha (las verduras en este país son fundamentales) y una sopa (hoy puré de vegetales). 

De plato principal porciones de pizza italiana y de postre  “Elizo” (una pasta hecha de coco muy buena). 

Y para terminar como no podía ser de otra manera, Té verde en cantidad.

VEGETARIANOS
“Una anotación muy importante para los que visiten este país y sean vegetarianos. No van a tener ningún problema en sus comidas. Para ser un país donde la carne, sobre todo la de cordero es fundamental, sus platos la mayoría son vegetales; ensaladas, sopas de verduras y hortalizas, yogurts, frutos secos, arroces, cereales, verduras hervidas y asadas, etc…”

Después de comer volvimos al hotel, para no coger las horas más fuertes del sol por la calle.



Sobre las cinco y media de la tarde y cuando el sol ya empezaba a caer, salimos a visitar otra zona monumental de la ciudad.


Primero fuimos a  la Mezquita Poi Kalyan, una de las más impresionantes de Asia Central. 

Tiene una cúpula decorada en azul turquesa y su patio puede albergar unas 10000 personas.  



Luego estuvimos en el minarete Kalyan del siglo XII y tiene 47 m de altura. Estaba considerado como el faro de la Gran Ruta de la Seda. Ahora han prohibido subir porque se cayó una mujer por sus escaleras y en vez de arreglar los escalones y poner medidas de seguridad han decidido que no se suba. Cosas del país.



Caminando por los callejones laberínticos de la ciudad, llegamos a la madrasa de Ulughbek, la más antigua de la ciudad, la madrasa de Abdullaziz Khan, y la mezquita Magoki Attory.












Cuando acabamos este paseo histórico, nos fuimos directamente a cenar. Hoy tocaba una cena más especial en el restaurante Art Kafé Suzane del Museo Fayzullo Khojaev. Toda la velada fue amenizada por un cuarteto de música clásica.



Las viandas fueron; alitas de gallina, Ensaladilla rusa, Sopa de setas y verduras, carne de vaca con arroz y el sempiterno y buenísimo té (Chai en uzbeko).

Y luego a por el descanso del viajero. Ser viajero es bonito, reconfortante, divertido pero muy duro.

Día 9º - 17 de Agosto.- Bukhara
Hoy es otro día de los más interesantes del viaje. Segundo día en la legendaria ciudad oasis del mundo árabe. A unos 30 km de la ciudad, fuimos a ver el sepulcro de la madre de Bahouddin Nakshbandi, el mausoleo Chor Bakr del siglo X y la residencia de verano del Emir de Bukhara, Sitorai Mokhi Hossa, del siglo XIX.



     
 

Conforme salíamos del centro de la ciudad, íbamos observando como la ciudad cambiaba y se iba convirtiendo en un pueblo más humilde, con casas bajitas de adobe, mercados callejeros, gente a derecha e izquierda de la carretera esperando los transportes colectivos, gente acudiendo a las mezquitas,…. 

En resumen, la vida cotidiana de esta ciudad.





TAXIS
" Esto es muy importante para los que visiten el país. Hay dos tipos de taxis, los oficiales (legales) y los oficiosos (ilegales pero consentidos).
Cuando salgáis a la calle no tenéis que preocuparos por nada para coger un taxi, os acercáis a la calzada y levantáis la mano, enseguida os parará un coche, lo normal es que sea un taxi ilegal pues son mayoría. Por la ventanilla le preguntáis el precio y si os conviene os subís. Son muy seguros y como van a precio fijo, van bastante rápidos a vuestro destino. Los precios que cobran son económicos. Ir al centro de la ciudad oscila entre 2000 a 3000 sums (no llega a 1€) "

“El cambio en el mercado no oficial durante nuestro viaje, oscilaba entre 2850 y 3000 sums, un euro.”



Fuimos a comer al “Spanish Bar”. El nombre, pura casualidad porque de bar español solo tenía eso, el nombre. Era moderno con mesas y bancos de madera, pero con comida típica uzbeca.

La tarde la dedicamos a perdernos por los bazares de la ciudad vieja para ejercer de auténticos turistas, que no de viajeros y enzarzarnos en una vorágine de compras de recuerdos.



A mitad tarde algunos nos fuimos a tomar un baño turco y un masaje al clásico e históríco Hamman Borzi Kord, del siglo XVI.
Entramos y la primera sorpresa, donde nos cambiamos. Las mujeres detrás de las taquillas y los hombres en el hall de entrada, donde nos recibieron cuatro chicos masajistas uzbecos, dos de ellos fumando (aquí la ley antitabaco en lugares públicos, no existe).
Una vez puestos los bañadores, nos introdujeron en una bóveda con asientos de mármol con salidas de calor húmedo que nos hizo sudar de inmediato. Allí pasaríamos unos 15 minutos más o menos. Luego nos fueron llamando uno a uno y sobre unas camillas de mármol, nos fuimos tumbando para que nos hicieran el masaje.
Entre el calor del vapor que había y una especie de jabón que nos ponían para darnos el masaje, nos hicieron una exfoliación de piel maravillosa. También se subían en las espaldas y masajeaban con los píes. Nos tiraron varios cubos de agua por encima de la cabeza y otra vez pasamos a la bóveda de vapor.
Allí uno de los masajistas nos puso una especie de crema en el pecho y la espalda, hecha con miel y genjibre. Quemaba un poco pero luego daba bienestar.
Una vez ya vestidos, nos invitaron a tomar un té que nos quitó todo el calor que llevábamos en el cuerpo. Salimos nuevos del Hamman.


De ahí nos fuimos a reunirnos con los compradores y compradoras compulsivas que no quisieron venir al Hamman, en el Hotel Asia Bukhara, donde cenamos.
La cena fue al estilo de Azerbaidzhán y estuvo bastante bien.  De primero tuvimos unas samsas (empanadillas  con carne y verduras), requesón salado, berenjenas con hortalizas,  pepinos y tomates, sopa Mastava con arroz, Kebab de Azerbaidzhán, sandia y melón, y como no té y pan uzbeco.

Ya de regreso en el hotel, subimos al summer bar, en la terraza del hotel a tomar unos vodkas (influencia soviética) y unos mojitos (influencia cubana). La temperatura era muy agradable.
Recomiendo este bar a todo el mundo que venga a Bukhara, esté o no alojado en el hotel. Y los precios son buenos, 3000 sums (1 €) un vodka.

Y otro día más….


Día 10º - 18 de Agosto.- Nurata – Yangikazgan (campamento de Yurtas)
Hoy emprendemos un viaje a lo desconocido, de aventura, a un mundo olvidado… a la vida nómada en el desierto. Vamos a compartir un campamento de Yurtas (tiendas mongolas) con sus moradores de raza tártara (tribu nómada del desierto, hoy en día ya habitantes sedentarios de este desierto).
Pero antes de salir de Bukhara, en las afueras de la ciudad fuimos a ver el minarete Chor, que   es la puerta de entrada de la gran madrasa construida en 1807. Es el único minarete formado por cuatro y que forman el gran minarete Chor. 






















Hicimos 290 km por unas carreteras estrechas con largas rectas y llenas de agujeros hacia la población de Nurata. 


A mitad de camino o mejor dicho en mitad de la nada, ya que solo hay matorrales y arena en cientos de kilómetros, nos encontramos con las ruinas de un antiguo y gran "Caravanserai" (lugar de descanso de las grandes caravanas que cruzaban la gran ruta de la seda). 


Una gran posada donde las caravanas reponían las fuerzas, cargaban víveres, vendían los productos que traían de su país y compraban otros diferentes para luego venderlos de vuelta.



Nurata es un pueblo grande y está en mitad de la nada, en pleno desierto de Yangikazgan, donde la vida es muy sencilla y muy polvorienta. 

Cuando llegamos, nos dirigimos a ver el complejo religioso Chasma.  Lo que más impresiona de este lugar es donde está construido.









Subimos la ladera que lo rodea por un camino polvoriento y en lo más alto de la colina llegamos donde antaño se alzó el grandioso Castillo de Alejandro el Magno de su Imperio de Oriente. 



En la actualidad solo quedan algunas ruinas de su muralla, además de tres o cuatro vendedores de souvenirs cutres que intentan sacarles unos sums a los pocos viajeros ávidos de historia que pasan por allí.


El sol que se deja caer por allí es justiciero, pero con un buen gorro y un buen calzado se soporta bastante bien, pero los tres o cuatro vendedores van descalzos o con chanclas destrozadas, con ropas muy sencillas y roídas y por supuesto no llevan gorro alguno. 

Y lo más desalentador es que los vendedores son solo niños y niñas.

La mezquita también tiene un manantial sagrado para los musulmanes. Es de agua dulce y está lleno de carpas sagradas.


En este pueblo no hay restaurantes, bares ni nada parecido, solo hay una casa de huéspedes donde el viajero puede comer y descansar. La casa es la de la familia Radik y allí nos dieron de comer muy bien.
Ensaladas de pepino y tomate (estos dos ingredientes no pueden faltar en una mesa uzbeca), sopa con cordero y verduras para terminar con el plato nacional uzbeco, el plov (arroz cocido con cordero y vegetales), es como un cocido español pero más cocinado y el arroz más seco.
En aspectos culinarios el país es humilde y muy sencillo, pero los platos que tienen están muy ricos y muy bien preparados con especias como el jengibre, el comino, el clavo, el cardamomo…
Y en la mayoría de las casas-restaurante sacan a la mesa cuencos con semillas de huesos de albaricoque pasados por el horno, que son similares a las almendras en forma y sabor. Es un vicio nacional. Y la verdad es que están riquísimos.
Continuamos nuestra ruta hacia el desierto y después de dos horas por más carreteras bacheadas y cada vez más polvorientas, llegamos a la aldea de Yangikazgan, si aldea pues no es ni pueblo, son diez o quince casas en mitad del desierto y con una pequeña pista de tierra que llega hasta allí.


Dejamos nuestro autobús en un corral cerrado junto a un viejo microbús desvencijado y nos trasladamos a tres vehículos todo terreno (son todo terreno porque allí van por todos lados, no porque sean 4X4; bueno uno casi porque era un Nissan Patrol muy antiguo).

En concreto en el que yo me subí era una furgoneta Vaz de la época soviética de los años 60, que el paisano de allí arrancó haciéndole un puente porque ya no tenía motor de arranque y por supuesto no llevaba llave, ni nada parecido.







Por pistas de arena en las que solo habían vacas y cabras, nos adentramos en el desierto rumbo a nuestro campamento de Yurtas.
Fueron unos 15 o 20 minutos espectaculares por llanuras solitarias, áridas y con un cielo azul, sin nubes, eso si con un sol justiciero que gobernaba todo el desierto desde lo más alto.
Llegamos al campamento que tiene un nombre muy soviético; Sputnik. La mujer del dueño, nos acompañó a las Yurtas, que estaban situadas en círculo, dejando una pequeña plaza central para el fuego nocturno.


Vivir en una Yurta aunque solo sea por una noche es toda una experiencia y un sock cultural grandísimo sobre todo para nosotros los europeos.
Son como tiendas de campaña grandes y circulares, hechas de una estructura de tiras de madera recubiertas de piel de camello en su totalidad. El suelo está cubierto por una alfombra de piel de camello y encima como cama hay un par de colchonetas de algodón que hacen de somier y de colchón (a nosotros por ser europeos nos dieron además unas sábanas, ya que ellos utilizan una piel de camello o de cabra para cubrirse del frío y los más modernos usan una mantas de lana muy rudimentarias).




En su techo y a la entrada de las yurtas siempre tienen colgando símbolos chamánicos para que cuiden y protejan a los que viven en la yurta (los chamanes son brujos y curanderos de la estepa y los desiertos de Asia Central).














CAMELLOS
Ya al atardecer nos fuimos a vivir otra experiencia única, montar a lomos de un camello. Si es única porque en camello (no confundir con dromedarios de una sola joroba como se ven en Canarias, Marruecos y todos los países árabes)solo se puede montar en los desiertos de Asia Central.


El camello es más peludo que el dromedario, más alto, más fuerte y sobre todo la gran diferencia son sus dos jorobas, ya que el dromedario solo tiene una.
Ver una puesta de sol en el desierto, montado a los lomos de un camello, subiendo y bajando dunas cubiertas de matorrales y de arenas blancas, es una experiencia relajante , única y sobre todo muy divertida.




DESIERTOS
No os imaginéis los desiertos de Asia Central con arenas doradas como el del Sahara o los de Arabia, aquí los desiertos si tiene arena pero son más pedregosos y tienen muchísimos matorrales bajos y sus dunas son más pequeñas. Vamos que son bonitos, diferentes, pero no tan bucólicos como los de África y los de la península arábiga.

Ya con la luna y las estrellas en lo alto del cielo como única lámpara natural, fuimos a cenar a un chamizo situado en un lateral del campamento con mesas corridas de madera y manteles de hule.
Al llegar tuvimos la grata sorpresa de que íbamos a cenar en compañía. Si en compañía de una familia de unos quince erizos que conviven con los dueños del campamento. Eran pequeñitos y muy bonitos. Que pena el no poder cogerlos. No era por miedo sino porque pinchan.



Nos prepararon unas mesas con ensaladas (como no con pepino y tomate), pan, un cocido típico tártaro con patatas, verduras y carne y de postre melón y sandia. La fruta en todo el país tiene un sabor muy dulce y se come natural, sin pasar antes por los frigoríficos (bueno en el desierto frigoríficos pocos). Y para terminar la cena otro clásico en las mesas de estos países (influencia soviética) un chupito de vodka para desinfectar nuestras tuberías.

Una vez bebido el vodka, nos fuimos al centro de la plaza del campamento donde habían preparado una hoguera. Nos sentamos alrededor de ella y un “Akin”, músico de la etnia kazaj, nos deleitó con un concierto privado del folclore autóctono kazajo, bajo un gran manto de estrellas. La temperatura era ideal, unos 18º C.







Y ahora a dormir en medio del desierto de Asia Central. Toda una experiencia.

Fin de la primera parte


Segunda parte:

Las ciudades secretas del Tamerlan: 
"Samarkanda y Sakhrisabz"



7 comentarios:

Anónimo dijo...

Yeeeeehhhh pon alguna foto... Pásalo bien. A la vuelta quiero un pase de fotos... Aguadé

EL VIAJERO IMPENITENTE dijo...

Por supuesto que lo tendrás. Esto es precioso.
Me lo imaginaba así, pero en vivo todavia es mejor.

EL VIAJERO IMPENITENTE dijo...

Por supuesto que lo tendrás. Esto es precioso.
Me lo imaginaba así, pero en vivo todavia es mejor.

Anónimo dijo...

Al regreso de éstas magníficas vacaciones, necesitaréis otras vacaciones para recuperarse de los madrugones. Disfrutad y al regreso a contar experiencias. Martín.

Unknown dijo...

Gracias por abrirme un poco Los opossum acerca de una parte del mundo desconocida.

Unknown dijo...

Abrirme Los ojos queria decir. Maldito autocorrecto!

Familia Soriano Diez dijo...

Soy familiar de un viajero. Menudas aventuras estáis viviendo! Aunque si que es verdad que vais a necesitar otra semana a la vuelta para recuperaros. Muchos besos Paqui y disfrutad.
AITANA,LAURA Y GUILLERMO